Qué satisfacción da caminar por nuestras calles y sentir que San Bartolomé de Tirajana tiene un latido nuevo, más fuerte y lleno de vida. Hace unos días, viendo a tantos chicos y chicas reunidos, compartiendo ideas y sueños para nuestros barrios, no pude evitar echar la vista atrás y recordarnos a nosotros mismos cuando empezábamos a asomarnos al mundo.
Todos hemos pasado por esa etapa de querer comernos el mundo, de querer que las cosas funcionen mejor. Y lo que vi me llenó de una esperanza profunda: nuestra juventud no está esperando a que el futuro llegue, lo están construyendo ellos mismos, aquí y ahora.
A veces caemos en el error de pensar que a los jóvenes no les importa lo que pasa a su alrededor, pero nada más lejos de la realidad. Ver a nuestra gente joven preocupada por cómo mejorar su entorno, por cómo ayudar a sus vecinos y por cómo hacer que nuestra tierra progrese, es la mejor garantía de que vamos por buen camino.
Cuando un joven decide dejar de mirar desde la barrera y se pone manos a la obra, algo cambia en la sociedad. Esa energía es la que necesitamos para que San Bartolomé no se detenga. Porque al final, cuidar lo nuestro significa también darles el espacio que se merecen para que su voz se escuche con claridad.
Un talento que nos hace sentir orgullosos
Lo que más me emociona es ver la cantidad de talento que florece en cada rincón del municipio. Desde los que emprenden con un pequeño negocio, los que destacan en el deporte llevando nuestro nombre con orgullo, hasta los que se dedican a cuidar de la salud o a crear arte y música.
Son jóvenes que se levantan cada día con la ilusión de aportar algo positivo. Y ese es el verdadero valor de nuestra gente:
- Emprendimiento: Jóvenes que abren sus propios locales y creen en nuestra economía local.
- Compromiso: Chicos y chicas que se preocupan por la identidad de sus barrios.
- Identidad: Una generación que ama su tierra y que quiere echar raíces aquí, cerca de su familia y de su gente.
El legado que construimos juntos
Como vecino, tengo claro que nuestra labor es acompañarlos y tenderles la mano. No se trata de decirles qué hacer, sino de asegurarles que este municipio es el lugar donde pueden cumplir sus metas. Queremos que sientan que San Bartolomé de Tirajana merece más, y ese «más» lo traen ellos con su empuje y su frescura.
Me quedo con esa imagen de unidad y de ganas de trabajar por lo común. Es reconfortante saber que el relevo está en buenas manos, en manos de personas que aman este rincón del mundo tanto como nosotros. Sigamos apoyando ese talento y esa energía, porque ellos son el corazón que hace que nuestra tierra siga latiendo con fuerza.
Con el orgullo de siempre,
Alejandro Marichal